Quisiera una vejez sin enfermedades, quisiera una vejez lúcida y con buenos recuerdos. Es así como veo a mis viejitas ahora, mi madre y una de sus hermanas. Que a sus setentas y ochentas, se ven bien, se ven contentas con su vida, repasando los momentos alegres, los tristes, llevando dolores por dentro, y sobretodo con muchísima fortaleza. Aún asi, disfrutando la vida y con ganas de seguir. Que penita que una de mis tías fuera más enfermiza. Que penita saber que ya no estará con nosotros, irradiando esa alegría y buen humor . Me conforma que ahora estará descansando en paz, después de su dolorosa enfermedad. Como dijeran ellas hace un par de días, "el dolor se lleva por dentro, si bien no pudimos acompañarla, lo bueno ha sido reunirnos en su nombre y retroceder el tiempo a la niñez, a la juventud, y la vida entera, rescatando los mejores momentos vividos y compartidos con ella."
El lunes fue una tarde de reflexión, de unión, muy entretenida a pesar de la circunstancia. Tanto recuerdo de antaño de estas mujeres admirables. Tanto escuchar de sus vivencias caigo en cuenta que de todas heredé algún rasgo de personalidad, más la nobleza y abnegación es sólo de ellas.
Desafío a la vejez
(Gioconda Belli)
Cuando yo llegue a vieja
-si es que llego-
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
-como corresponde-
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará -rebelde- tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.